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Por: Ainhoa Marcos, VP Education & Public Sector de ODILO
En el debate público sobre la formación, el foco suele gravitar en torno a la empleabilidad juvenil y la capacitación corporativa. Si bien ambas son fundamentales, esta visión resulta incompleta. El potencial del aprendizaje radica en su capacidad para transformar la sociedad desde la base, actuando como motor del empoderamiento ciudadano y de la cohesión social. En este nuevo paradigma, la formación deja de ser una etapa finita para convertirse en un viaje que dura toda la vida, y la tecnología es el vehículo que garantiza que nadie se quede atrás en ese trayecto.
El gran reto de nuestra era es eliminar las brechas, tanto digitales como sociales y económicas, que fragmentan la sociedad. Es aquí donde la formación ciudadana adquiere un papel protagonista. Un ejemplo paradigmático es la capacitación digital. En un mundo interconectado, la falta de competencias tecnológicas es una de las principales barreras para la inclusión. La brecha es una realidad tangible: según el Índice de la Economía y la Sociedad Digitales (DESI) de la Comisión Europea, cuatro de cada diez adultos en la UE carecen de competencias digitales básicas. En España, la situación es aún más acuciante, ya que, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 27,9% de las personas de 65 a 74 años nunca ha utilizado Internet.
Para abordar este reto, iniciativas como la plataforma ‘Madrid Aula Digital’ demuestran que es posible revertir esta situación. Al ofrecer formación accesible y personalizada, se dota a los ciudadanos de la autonomía necesaria para gestiones cotidianas, como solicitar una cita médica o realizar operaciones bancarias, reforzando su confianza y reduciendo el riesgo de exclusión.
Este desafío también abre una oportunidad clave: activar el talento senior. En las sociedades actuales, cada vez más longevas, garantizar que las personas mayores puedan seguir aprendiendo y desarrollando competencias digitales, además de reducir la brecha tecnológica, permite aprovechar su experiencia y conocimiento. La formación continua del talento senior favorece una participación más activa en la vida social, cultural y económica y refuerza el verdadero sentido del aprendizaje a lo largo de la vida.
La tecnología, en este contexto, actúa como un poderoso catalizador. Las empresas edtech se están posicionando como actores clave al ofrecer un vasto catálogo de recursos multiformato (libros electrónicos, audiolibros, vídeos, cursos) de manera accesible, intuitiva y, crucialmente, personalizada. Este enfoque innovador sitúa al individuo como protagonista de su propio desarrollo, superando la estandarización de los métodos y permitiendo una verdadera democratización del saber que derriba barreras geográficas y económicas.
Este principio de inclusión a través de la tecnología se manifiesta con especial claridad en colectivos en situación de vulnerabilidad. Iniciativas como Bibliodrogas del Servicio Nacional para la Prevención del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) en Chile facilitan el acceso a contenidos especializados que apoyan la concienciación y la reinserción social.
Asimismo, la tecnología es una aliada indispensable para garantizar el acceso al conocimiento de las personas con discapacidad. Plataformas como las que implementa la red de Bibliotecas de Cataluña integran funcionalidades de accesibilidad (como textos adaptables o audiodescripciones) que transforman los recursos digitales en herramientas verdaderamente inclusivas. Al eliminar la barrera física, se asegura la inclusión cultural y social.
La colaboración entre el sector público y el privado es fundamental para consolidar un ecosistema de aprendizaje. La UNESCO, en su último Informe Mundial sobre el Aprendizaje y la Educación de Adultos, subraya que los adultos con buenas competencias tienen casi el doble de probabilidades de gozar de buena salud y tres veces más de participar en la sociedad. La inversión en tecnología educativa, más allá de ser un egreso, es una inversión estratégica en cohesión social con un retorno medible. Fomentar una cultura de aprendizaje a lo largo de la vida, accesible para todos, es la vía más efectiva para eliminar brechas y construir una sociedad más resiliente, equitativa y preparada para los desafíos del futuro.