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Ante el aumento de los problemas para olvidarse del trabajo en vacaciones, tres líderes empresariales proponen estrategias muy prácticas
Entrevista publicada por El Mundo
Ángel Peña Texto / Sean Mackaoui Ilustración
El sonido de las olas del mar, la brisa marina, esa cerveza bien fría… Y el puñetero móvil con todo el estrés dentro de la oficina, como un agujero negro al alcance de la mano. El último informe sobre desconexión digital de InfoJobs advierte que el 63% de los trabajadores declara no desconectar durante las vacaciones, cuatro puntos por encima del año pasado. Constata que, «a pesar de que el derecho a la desconexión digital está regulado en España desde 2018 mediante la Ley Orgánica 3/2018 de protección de datos personales y fue reforzado en 2021 con la Ley 10/2021 del trabajo a distancia», la realidad es que «muchas personas continúan atendiendo correos, llamadas o mensajes laborales durante sus vacaciones». Y añade que dos de cada tres encuestados afirman que su empresa no aplica medidas para favorecer la desconexión digital.
Se impone, pues, la autogestión. Aquí lanzamos un llamamiento a través de la experiencia de tres directivos, que nos revelan sus zozobras al respecto y, sobre todo, sus trucos para luchar contra la dictadura digital.
Empecemos sin maximalismos. Javier Llosa, CEO de Odigo Iberia y Co-CEO global, recuerda que «el trabajo forma parte de nuestras vidas la mayor parte del año», por lo que «pretender que durante tres semanas vamos a poder aislarlo de nuestra vida, es utópico». Aunque «en vacaciones el trabajo pasa a un segundo plano o tercer plano», matiza que la hiperconexión digital es un problema de todo el año: «Yo tengo silenciadas todas las notificaciones siempre, esté trabajando o no, excepto llamadas telefónicas, y cuatro personas para mensajería». Lo decidió durante el confinamiento: «Eso sí que fue la hiperconexión absoluta«.
Llosa enfatiza el valor de la lectura, «libros que no tengan nada que ver con la actualidad». Además, en fines de semana o vacaciones, le relajan mucho «trabajos manuales, como bricolaje, ocuparme del jardín o hacer una buena paella a leña con amigos». Y concluye: «Muy importante, nunca leas el mail antes de irte a dormir«. La gran amenaza contra este ecosistema es la «urgencia», ese concepto tan maleable. «Se trata de que tus equipos conozcan tus hábitos, al igual que yo conozco los suyos. Siempre estoy disponible vía telefónica; por lo tanto, si nadie me llama es que no hay nada urgente». Además, en vacaciones, «saber quién o quiénes son el backup de cada uno es clave para no molestar durante las vacaciones».
Javier Jover, director general de Dojo en España, cree que es clave «dar ejemplo. Si tú no te permites parar, tu equipo tampoco se atreverá. Me organizo bien antes de irme para dejar todas las decisiones anticipadas, automatizo todo lo que se pueda y delego en el equipo para evitar la tentación de estar respondiendo en momentos de desconexión». Aunque acepta que «en los niveles de alta responsabilidad siempre tienes un ojo abierto por si el equipo te necesitara en un momento puntual». El móvil es el gran reto: «En un único dispositivo tienes correo, a Slack y Whatsapp, lo que hace relativamente fácil entrar para revisar ‘solo un momento’ y acabar inmerso, incluso, en varios temas a la vez». Ayuda mucho establecer límites: «Por ejemplo, dejar el móvil fuera del dormitorio o no abrir el correo antes de desayunar», o «desactivar las notificaciones de correo electrónico y mirarlo una única vez al día, y a la misma hora». Otras arma de destrucción masiva de la conexión es el deporte: «Correr, nadar son actividades que me ayudan a despejar la mente. También intento dormir mínimo siete horas, reducir el uso de pantallas por la noche y hacer cosas sencillas, pero gratificantes, como pasear al atardecer con mi mujer y mi hijo, si es posible por la playa, o salir a cenar».
Miriam Cordero, CRO de Odilo, ilustra el problema con esta escena: «Una persona de mi equipo se conectó a una reunión mientras esperaba en la consulta del pediatra con su hijo. Le sugerí que se desconectara y que luego lo pondríamos al día». El WhatsApp le parece «el canal más difícil de domar. Aunque tengas móvil corporativo, es tan accesible que acaba colándose en la vida personal. Te da una conexión permanente, a cualquier hora, generando una falsa impresión de que todo es urgente». Su mejor método para desconectar de las pantallas son sus hijas, que le piden que deje el móvil y que juegue con ellas. «Saber delegar» es su gran clave. «A veces sentimos culpa por ‘molestar’ o por soltar el control, pero he aprendido que la confianza en el equipo es la única manera de descansar de forma real. Durante mis vacaciones me aseguro de dejar todo bien organizado y de definir con antelación quién puede asumir mis funciones. En el día a día, creo que es clave aprender a discernir en qué momentos somos realmente imprescindibles y en cuáles podemos delegar o pausar».
