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De la ansiedad al empoderamiento: cómo el FOBO impulsa la innovación en las organizaciones

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Por: Iván López, Global VP Corporate Sales de ODILO

La incorporación de las innovaciones tecnológicas al mundo laboral supone toda una ventaja en términos de reducción de tiempos, eficiencia y productividad. Sin embargo, como todo cambio, también conlleva una serie de desafíos. Uno de los más evidentes es la necesidad de que los profesionales se adapten al uso y gestión de estos avances.

Como resultado, el FOBO (Fear of Becoming Obsolete) está a la orden del día, convirtiéndose en una de las principales preocupaciones de los trabajadores de todo tipo de sectores. Y no es para menos. Según el Future of Jobs Report 2025, informe elaborado por el Foro Económico Mundial, aproximadamente el 40% de las habilidades que hoy en día consideramos esenciales quedarán obsoletas en 2030. Ante este complejo escenario, el enfoque ganador es convertir el miedo al FOBO en un motor de evolución y resiliencia dentro de la empresa. 

Para ello, las organizaciones deben apostar por el aprendizaje como oportunidad de crecimiento de la plantilla frente al cambio, lo que a su vez pasa por abordar una serie de consideraciones. Primero, reconocer el FOBO como un fenómeno colectivo. No se trata de un miedo individual ni pasajero. Hay estudios recientes que señalan que uno de cada cinco trabajadores lo experimenta, dato que sigue en aumento. Una identificación que puede ser sencilla empleando herramientas como encuestas internas, conversaciones abiertas… Mecanismos que detectan brechas en las habilidades del equipo y que sientan las bases para el diseño de estrategias y planes de acción que evitan que el miedo se traduzca en parálisis.

Reconocer la existencia del FOBO es el primer gesto de liderazgo que demuestra que una compañía está comprometida con sus trabajadores y con su crecimiento personal y profesional frente a un futuro laboral incierto. Pero reconocerlo no es suficiente. Lo verdaderamente transformador es acompañar ese reconocimiento con aprendizaje continuo. Los famosos programas de upskilling y reskilling ya no son una alternativa; son una necesidad estratégica. Hacer que los profesionales reciban formación alineada con su rol y la estrategia corporativa es sacar partido al capital humano, haciéndolo relevante y protagonista activo del desarrollo y el crecimiento de la empresa. La actualización constante de habilidades técnicas y transversales, desde la tecnología hasta la gestión de proyectos, permite que los miembros del equipo sigan aportando valor a la organización y que se mantenga competitiva. Invertir tiempo de la jornada laboral en formación es invertir en una forma de crecimiento sostenible y con compromiso auténtico con el equipo.

Considerando la importancia del aprendizaje continuo, la personalización es otro paso adicional para combatir el FOBO de una forma realmente eficaz. Teniendo en cuenta que cada profesional tiene su propio punto de partida, así como unos intereses personales y un ritmo de aprendizaje que no tiene por qué ser igual que el de sus colegas, los itinerarios formativos adaptados a estas premisas hacen del aprendizaje una experiencia más enriquecida y motivadora. La última vanguardia en formación corporativa pasa por plataformas flexibles basadas en el perfil del profesional y que le brindan recomendaciones inteligentes en función de sus motivaciones y capacidades. Adicionalmente, permiten medir el impacto de la formación al momento, con métricas de progreso individuales que permiten ver cómo las competencias adquiridas coinciden con las necesidades reales de la compañía. En este apartado, la tecnología formativa juega un papel vital. Las edtech más avanzadas hacen posible que el profesional sea el arquitecto de su propio desarrollo, fomentando autonomía sin perder el alineamiento estratégico, y transformando el FOBO en curiosidad, ambición y orgullo por seguir creciendo.

Pero si hay algo que marca la diferencia en el paso del miedo al empoderamiento, es apostar por la formación como proceso transversal a todos los departamentos de la empresa y con alto potencial integrador y de creación de una cultura común. Esto se traduce en apostar por la colaboración intergeneracional y las mentorías inversas como vías de fortalecimiento de la cohesión interna. Hacer que los más jóvenes enseñen a los senior sobre nuevas herramientas o tendencias digitales y, en paralelo, que los más veteranos compartan sus conocimientos con los más noveles, va más allá de lo simbólico. Es un método efectivo para reducir brechas y generar un aprendizaje bidireccional invaluable. La clave está en diseñar estos programas con objetivos claros y roles definidos, haciendo que la compañía sea una facilitadora de estos encuentros y que los participantes comprendan que la innovación y el aprendizaje son un proyecto compartido. Así, garantizamos que el conocimiento fluye en todas las direcciones y que la experiencia es compatible con la frescura de nuevas perspectivas para generar resultados extraordinarios.

Con todo lo anterior claro, como último paso para garantizar el éxito del programa de formación, solo queda fomentar una cultura de experimentación proactiva. El aprendizaje no puede ser un añadido opcional. Debe ser parte importante del día a día en la oficina, presente en las reuniones, en el desarrollo de proyectos, en momentos de innovación… En este sentido, puede ser de utilidad crear espacios donde los miembros del equipo prueben, fallen y aprendan: talleres, sesiones de testeo de nuevas herramientas, etc., aprendizajes obtenidos de los errores y la implicación de los profesionales de la organización. Con ello, transformamos el FOBO en fuente de creatividad, motivación y resiliencia e iniciamos un ciclo virtuoso donde aprender se asocia con el progreso y no con el riesgo.Superar el FOBO es el último gran reto que atraviesan los profesionales de todos los sectores. Por suerte, la responsabilidad no es solo suya. Es una llamada a la acción compartida en la que la empresa debe facilitar unas oportunidades reales de desarrollo y el trabajador debe asumir un compromiso activo con su propio aprendizaje, asegurando que es capaz de evolucionar. Transformar el FOBO, el miedo a la obsolescencia, en innovación y aprendizaje es la vía más fiable para construir equipos fuertes, adaptables y preparados para cualquier desafío futuro.

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