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España, a la cabeza en uso ‘privado’ de la IA

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  • Un informe de Microsoft basado en los datos anónimos de mil millones de ordenadores con Windows revela que España ocupa la sexta posición en uso de la IA, incluso por delante de EEUU

Publicado por El Economista

Para hacer ver de forma rápida el nivel de popularización que ha alcanzado la Inteligencia Artificial, basta recordar un dato: Chat GPT apenas necesitó dos meses para conseguir sus primeros cien millones de usuarios. Ahora, un informe de Microsoft sitúa a España como el sexto país del mundo con mayor ratio de adopción per cápita de herramientas de IA. En concreto, el 39,7% de sus habitantes utiliza la IA, solo por detrás de Francia, Irlanda, Noruega, Singapur y Emiratos Árabes Unidos. Hay que destacar que este trabajo aporta mucha fiabilidad al haber utilizado para elaborar ese particular ránking los datos anónimos de uso de más de mil millones de ordenadores que utilizan Windows. Y esos datos no mienten…

Esta conclusión puede parecer contradictoria a la de otros informes como el publicado en esta misma revista el mes pasado, de la consultora Deloitte, según el cual el 93% de las empresas aún está en una fase incipiente de adopción de soluciones de IA. Pero hay que marcar distancias: Microsoft refleja el uso cotidiano de la IA por usuarios particulares en casa mientras que Deloitte hablaba de la implementación de programas con todas las garantías en instituciones y compañías.

Hemos querido conocer la opinión de diferentes expertos que nos ayuden a entender de verdad cuál es nuestro actual punto de partida en esto de la IA. «Los resultados del informe de Microsoft revelan que avanzamos a dos velocidades: mucha ambición, pero sin contar siempre con las bases adecuadas. Persisten expectativas poco realistas y una búsqueda de retornos inmediatos en soluciones complejas sin haber consolidado previamente aspectos esenciales como los datos, la arquitectura o la cultura digital. El gran reto ahora es asegurar una adopción sólida mediante una estrategia robusta que evite la proliferación de pilotos sin continuidad». Así lo explica a elEconomista.es Alberto Jusdado, Head of Consulting en Tokiota, partner oficial de Microsoft en España y experto en IA.

Por su parte, Elena Maran, directora de AI Risk y Gobernanza en Modulos, una empresa tecnológica suiza especializada en soluciones de gobernanza de la IA, interpreta que «la adopción masiva de la IA por parte de la ciudadanía refleja que España está preparado para integrar este tipo de soluciones en su vida diaria y confirma que España se está posicionando como una economía capaz de beneficiarse de esta nueva fase de la transformación digital, alejándose del grupo de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España)».

Sorprende a los expertos esa doble velocidad, pero encuentran aspectos y puntos positivos a esa introducción masiva de la IA: «La IA es ya una tecnología de adopción masiva y más rápida que cualquier otra en la historia reciente. En España, aunque no lideramos su creación, sí estamos incorporándola de forma acelerada en la vida diaria y en las organizaciones, lo que abre una gran oportunidad para mejorar la productividad, la competitividad y la formación digital«, añade Miriam Cordero, Chief Reveneu Officer de Odilo.

El cuarto de los expertos consultados para elaborar este cuadro se detiene en otros elementos del informe de Microsoft que no quiere pasar por alto: «El estudio también evidencia que la confianza, la responsabilidad y prepararse para la regulación no son frenos, sino catalizadores para escalar la IA de forma segura y sostenible, y apunta a que la verdadera diferencia en los próximos años la marcarán las empresas que no solo experimenten con IA, sino que la integren de forma estratégica, gobernada y transversal en todo el negocio». Así lo explica Diego Martínez, Managing director AI, Data & Intelligent Automation en VASS, consultora española que ayuda a las organizaciones a afrontar los retos en Data e IA.

Una vez realizado el diagnóstico, les preguntamos por cuál debería ser el siguiente paso a dar: «Evolucionar hacia soluciones donde la IA no solo acelere lo existente, sino que colabore con las personas para sustituir o rediseñar procesos completos. España ya ha superado la fase de eficiencia, ahora es momento de avanzar hacia una transformación real«, explica el portavoz de Tokiota. Todos ellos coinciden en que ya hay sectores como banca, turismo, energía, retail, administración pública y servicios digitales que están usando diferentes herramientas de la IA para automatizar, optimizar procesos o mejorar la atención al cliente, y lo hacen con un impacto significativo en la competitividad. «Nosotros hemos observado que esta adopción genera un nuevo tipo de exposición, ya que la IA amplifica los riesgos empresariales ya existentes mediante canales que antes no existían, desde sesgos hasta fallos operativos o falta de trazabilidad», añade Elena Maran de Modulos.

Sorprende también de las conclusiones de este informe el hecho de que un país sin empresas destacadas en el desarrollo de la IA se haya colocado entre los seis que más usan esta tecnología. Miriam Cordero, de Odilo, encuentra esta justificación: «Significa que tanto la sociedad como las empresas españolas están preparadas para beneficiarse de la IA sin necesidad de estar a la vanguardia de su desarrollo«. Esta misma experta señala también la necesidad de que reflexionemos sobre la necesidad de educar a los ciudadanos en el uso responsable y crítico de estas tecnologías, «garantizando una adopción sostenible y segura, especialmente en los entornos educativo y profesional».

¿Cómo conseguir entonces que esa alta penetración de la IA en la ciudadanía cale luego en el tejido empresarial? Diego Martínez, de VASS, entiende que «este nivel de uso genera un entorno especialmente favorable para la innovación, ya que impulsa a las empresas a acelerar sus proyectos, reduce la resistencia al cambio dentro de las organizaciones y crea una base social que entiende y de manda servicios más personalizados y eficientes». Y también advierte que esa ventana de oportunidad es real, pero también limitada en el tiempo. Recomienda a las compañías que dispongan de una estrategia escalable en el tiempo, que cuenten con un ecosistema de datos de calidad y con una cultura corporativa predispuesta al cambio, consolidarán una ventaja estructural difícil de replicar más adelante. «La familiaridad con la IA abre un terreno fértil para la innovación empresarial», apostilla Miriam Cordero, de Odilo. «Que la población y las empresas comprendan su utilidad e implementen la IA en su día a día aumentará la demanda de soluciones aún más sofisticadas», añade.

Lanzamos una última pregunta: ¿Nos ayuda la obsesión de las instituciones de la Unión Europea por regular y regular en un campo como las IA, en el que no somos líderes ni emprendedores? Elena Maran de Modulos, admite que «Europa no liderará por volumen, pero sí por calidad; y es esta combinación de regulación avanzada con herramientas que convierten la regulación en una ventaja competitiva lo que permitirá que países como España sigan avanzando en innovación tecnológica». Por su parte, Alberto Jusdado, de Tokiota, nos recuerda que «todos los usuarios deben comprender el impacto en las herramientas que utilizan, saber qué hace la IA con los datos y tener claridad sobre responsabilidades y límites de uso». Desde Odilo, Miriam Cordero, se declara a favor de esa regulación porque, en sus palabras, «aporta seguridad, transparencia y estándares éticos en el uso de la IA». Considera asimismo que todos estos elementos son fundamentales para generar confianza entre ciudadanos y empresas. Por último, Diego Martínez, de VASS, concluye que la regulación europea debe entenderse como «una oportunidad para impulsar una innovación de mayor calidad«. En su opinión, esos desarrollos de la IA deben de estar basados en «marcos que aseguren la gobernanza del dato, la protección de los derechos de la ciudadanía y el desarrollo de sistemas de IA que sean explicables, trazables y auditables».

Para todos ellos, solo siguiendo estas directrices conseguiremos que esa doble velocidad de la que hablábamos al principio, entre el popular y masivo uso de la IA por parte de los ciudadanos y la reticente implementación por parte de las empresas, se acompase.

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